Ir al contenido

Cannella


Cuenta la leyenda que la canella —diminutivo de canna (caña) en latín— era uno de los regalos más valorados cuando se trataba de obsequiar a reyes y dioses.

Fue tal el renombre que alcanzó que muchos comerciantes, para mantener el control de su precio y ubicación, inventaban historias sobre lo complicado que era conseguir este ingrediente, asegurando que solo se podía obtener en lugares remotos y peligrosos, custodiados por bestias terroríficas.

Pero, dejando de lado el misticismo de estos pioneros del capitalismo, el común de los mortales no se encontraba frente a un simple ingrediente capaz de intensificar el sabor de algunos de sus platos, sino que tenía en su poder un elemento que destacaba por sus propiedades curativas, protectoras y de atracción.

Tiempo después, la medicina tradicional india (ayurveda) y la china (MTC) señalaron que, efectivamente, esta cannella era ideal tanto para procesos preventivos, como terapéuticos, ya que aumentaba el calor en el cuerpo. Este calor, a su vez, favorecía la circulación en sangre y la digestión, lo que se traducía en efectos antiinflamatorios en aquellos que la tomaban.

Una de mis formas favoritas de tomarla es infusionar jengibre y añadir un chorrito de limón y una pizca de canela en polvo.

Por otra parte, son numerosos los pueblos que, durante generaciones, han  empleado estas pequeñas cañas como una herramienta de protección en las puertas y las ventanas de sus casas: unas veces dispuestas en un cuenco junto con otros elementos como la mirra; otras en una bolsita que colgaban en lo alto del dintel. 

Este material también ha sido el protagonista en cientos de rituales para atraer la abundancia. Algunos de los más comunes son: llevar un trocito en la cartera, quemar la caña en sí, espolvorear un poco en una vela encendida,...A mi me gusta soplar una pizca de canela en la entrada de casa el primero de cada mes.

En fin, esta herramienta, que repele lo negativo y atrae lo positivo, se ha mantenido  hasta nuestros días... aunque con un pequeño matiz: hemos relegado a la canela a un plano meramente decorativo (coronas de navidad, atadillos en ramos de flores, etc). Es decir, continuamos el legado de nuestros antepasados sin entender los motivos por los que lo hacemos. 

Y yo me pregunto, ¿acaso no vale la pena escuchar lo que ha sobrevivido a lo largo de tantos siglos y que ha dejado constancia de su valor? Y, aun siendo muy escépticos...¿no podríamos dejarnos llevar por la curiosidad y poner a prueba, de primera mano, algunas de estas costumbres?